5 cosas que inevitablemente ocurrirán cuando des a luz

Ocurrirán y nadie ni nada podrán impedirlo:

– La mujer invisible. Es cruzar la puerta de casa y, como por arte de magia, volverte invisible. A partir de ese día, cualquier ser humano que llegue te ignorará por completo y, así tengas ojeras o estés moribunda, y con codazo incluído, correrá cual galgo por el pasillo hasta la cuna del recién llegado, sin preguntarte qué tal estás por cortesía ni mirarte siquiera a la cara.

– La casa de las gasas voladoras. Mi tía me dijo “niña, compra gasas, que eso nunca sobra” y me fui a IKEA  y compré gasas como si los mayas hubieran acertado con la cosa del fin del mundo. Mi tía tenía razón, la niña se pasa el día “echando” leche en pequeñas dosis y encuentro gasas en los lugares más insospechados: enganchada en un flexo, en cada recobeco del sofá, dentro de la nevera (esto es verídico) o en el botellero junto a todas esas botellas que durante un año no he podido catar.

B_Id_357546_Soren_Bidstrup2nd premio WPP en la categoría "Vida cotidiana"

– La noche no es cuando se esconde el sol.  Descubrirás que la hora de dormir no la marcarán ni el reloj ni la luna, la marcará ese bichito todopoderoso que acaba de llegar a tu vida y al que suplicarás, con los ojos ensangrentados de cansancio, una tregua en más de una ocasión.

– La ducha, divino tesoro. Este será tu momento zen. El agua calentita cayéndote por la espalda y el sonido de una cascada te adormece los oídos sin poder escuchar si el bebé llora o se queja. Orgásmico.

– Limpieza: casa patas arriba (esto parece un atraco). Tu casa será lo más parecido a Zara en rebajas. Nunca más verás tu casa impecable como, de vez en cuando, la tenías. Si algún día consigues limpiarla a conciencia, ésta permanecerá así quince minutos a lo sumo. Clínicamente testado.

Ánimo mamás 😉

Feliz día!

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10 Confesiones de una Mala Madre

Hace unos días en el blog de Libertad Condicional leí este post. Dió en el clavo.Ya había hecho esta lista mentalmente y entre lágrimas. Ya me había autoflagelado por no sentir lo que los libros me chivaron que iba a sentir o por no querer llevar a cabo lo que los pediatras famosos y las demás madres exigen constantemente con “ese” tonito malicioso.

mamaAsí que hoy paso de todo, me sumo a la bloggera valiente y confieso:

1. No tenía especial ilusión por verle la carita. Todos los libros, al llegar al 8º mes daban por hecho que tendría infinitas ganas de que naciera el bebé. Yo no. Sólo pensaba en las agujas, las vías, la sangre, el dolor y la incertidumbre.

2. Nunca esterilizo nada. Lo hice una vez y dios sabrá cuándo será la próxima.

3. A veces olvido cambiarle el pañal. Intento corregir esto porque me muero de pena cuando le quito el pañal y pesa más que ella.

4. No me cae bien Carlos González. El mundo de Yupi me da desconfianza y que todo lo pinte taaan bonito, taan fácil, taaan ideal y blabla, me cansa y me aburre. Los hijos son lo mejor del mundo pero no es el camino del arcoiris.

5. Le puse el chupe a la semana (Llegados a este punto Carlos González debe estar llevándose las manos a la cabeza).

6. Algunas veces y, bajo desesperación, le he cantado BOOOOOOOOMBA de king África y alguna de Azúcar Moreno para que dejara de llorar #mátamecamión

7. Le he limpiado la cara con el dedo gordo chupado. Esto juré y perjuré que nunca lo haría pero tengo que decir que cuando me descubrí haciéndolo me dí cuenta de que era madre.

8. No soy capaz de cortarle las uñas. Desde pequeña recorto fatal, es mi tarea pendiente en la vida. Recuerdo que pensaba que no iba a poder hijos porque no iba a ser capaz de cortarle bien las uñas. Hija si tengo pero las uñas son tarea del padre.

9. Cuando apenas tenía un mes, me fui al cine con el papá y no lloré.

10. Y…me uno al paredón de fusilamiento con @angulita. No me gusta dar la teta.

Sin embargo, me paso horas cantándole, jugando con ella, hablándole y dándole besitos. La hora del baño es nuestro gran momento y digo la hora porque suele durar eso mismo: espumita, chapoteos y un buen masaje. Nos dan las tantas entre sábanas los tres acurrucados. Aunque sólo tiene dos meses, no le faltan los cuentos, las canciones y los vídeos de dibujitos. Quizá no soy una mamá Zen, quizá no soy una mamá modelo pero, y a pesar de mis confesiones, ¡soy una madraza!

Espero que os suméis a las confesiones. Desahogo total 🙂

Feliz dia!

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La maternidad o cómo pasamos de Mujer a Tarántula

Y no, precisamente, porque nos convirtamos en superwoman (que sí). Durante las primeras semanas, una va notando el cambio: menos humana, más tarántula.

DeMujerATarantula

– Los pelos de las piernas comienzan a crecer y a crecer. Una, que no ha tenido tiempo real para agachar la vista y ver aquello, sufre un ataque de personalidad cuando se encuentra esa maraña que le impide reconocer que detrás de la Selva Negra, están lo que una vez fueron sus piernas.

– Lo de los ocho brazos no tiene misterio alguno. De repente tendrás el superpoder de pelar una gamba con una mano, mover el cochecito para que la fierecilla se calme, mojar la gambita en mayonesa, rascarte la nuca y sin dejar de mover el cochecito, limpiarte los pelos que con tanto rascoteo te los has pringado de salsa blancuzca a lo Algo Pasa con Mary.

– Los ocho ojos. Sí, las tarántulas tienen ocho ojos. Ya, yo tampoco lo sabía y esto sí que es un superpoder. Ahora entenderás cómo tu madre sabía que habías metido el dedo en el pastel ¡si estaba de espalda! Desde cualquier ángulo serás capaz de ver que a la fiera, le resbala un poco de leche por la barbilla, que el padre se ha dejado la luz encendida de la cocina, ups y la del baño, ¡y la de la habitación! (esto es verídico), que junto al sofá hay pelusas para parar el hipo de toda una vida, que el bote de leche está bajo mínimos y que no puedes creer, de nuevo, que esos pelos que asoman entre el calcetín y el pantalón sean tuyos.

– Devoradora de Hombres. Vale, esto no sé si era la tarántula, la mantis religiosa o las dos. Pero si no tengo tiempo a darme cuenta de las lianas que tengo en las piernas, mucho menos para buscar en la wikipedia. El caso es que existirán esos días en los que te comerías al padre de la criatura y no precisamente a besos. A las siete de la tarde, sin haber podido pasar por la ducha, con la espalda destrozada, un overbooking de pelusas en el salón, las ojeras a lo oso panda, un blog patas arriba y el pelo pringoso de mayonesa, llegará él y sólo querrás vengarte y devorarlo (hormonas on fire!).

#québonitoessermamá

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